Abriendo espacios de comunicación en casa para facilitar el manejo de sentimientos en la adolescencia

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Una de las tareas más importantes en la adolescencia es aprender a manejar las emociones. Identificar los afectos, conocer las reacciones que tenemos frente a ellos, y lidiar con eso que está sucediendo en ese cuerpo en transformación a nivel hormonal, a nivel cerebral, a nivel físico. Todo cambia: las medidas del cuerpo, la forma del cuerpo, sus manifestaciones, los sentimientos y los pensamientos. El adecuado manejo de esos sentimientos representa una de las principales y primordiales tareas de educación en el hogar.

¿Pero qué significa ‘manejar los sentimientos?

Parece que sentir es fácil, pero no tanto expresar los sentimientos. Muchos adultos incluso no saben cómo responder a la pregunta sobre ¿qué sientes? Al iniciar la adolescencia la tendencia natural es que los sentimientos se expresen de manera impulsiva, sin pasar por la reflexión y el pensamiento. Esta forma de expresión con frecuencia crea situaciones conflictivas que impactan de manera directa en las relaciones con los demás, particularmente con los padres.

Veamos un ejemplo sencillo: Un jovencito tiene problemas con el padre y discute con él durante la merienda; a consecuencia de esa discusión, se siente mal y ambos padre e hijo se van a dormir enojados. Al día siguiente, durante el desayuno el clima es de tensión: el chico siente deseos de aclarar el problema con el padre, aunque todavía se siente molesto… no sabe si hablarle del asunto, si abrazarlo y darle un beso o acercarse, si ponerse a platicar de otra cosa, si ignorar todo y dejarlo atrás, o por decirlo en otras palabras, simplemente no sabe cómo abordar el asunto. El padre que es sensible a los sentimientos de su hijo se da inmediatamente cuenta de que el hijo duda sobre qué decisión tomar y que requiere de un ‘empujoncito’ para enfrentar el problema y los sentimientos asociados, y entonces, le da la salida positiva y dice al hijo: “Sentémonos a desayunar y hablemos ahora sobre lo que pasó ayer”.

Con ello está abriendo el espacio de comunicación donde podrá ventilarse el asunto. Si el padre dejara pasar las cosas, estaría transmitiendo al hijo un mensaje equivocado, creando un clima donde no se permite la expresión de sentimientos y que le dé vergüenza hablar sobre ello o que le reste importancia, lo que refuerza la actitud de no enfrentar los problemas.

La clave: aprender a manejar los enojos en el día a día, con el diálogo abierto entre padres e hijos esa es la mejor enseñanza

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